El lujo de ir despacio: MIZEN y la revolución silenciosa de la artesanía japonesa
Su concepto de Slow Fashion, Slow Luxury no debe entenderse únicamente como una reivindicación de la lentitud productiva. Es, sobre todo, una reivindicación de la lentitud perceptiva: mirar una superficie, reconocer una técnica, comprender una construcción, conocer quién hizo el tejido y descubrir cómo una limitación aparentemente insignificante puede transformar toda una prenda.
MODA



Hay algo profundamente contemporáneo en volver la mirada hacia una limitación. En una época en la que la moda parece competir por ocupar cada vez más espacio, más volumen, más imagen, más velocidad, más estímulo, MIZEN propone exactamente lo contrario: detenerse, observar y descubrir cuánto puede contener un fragmento de materia.
Para su propuesta Primavera-Verano 2027, presentada en el marco de Rakuten Fashion Week TOKYO, Shunsuke Teranishi llevó esa filosofía hasta una cifra concreta: 38 centímetros. Ese es, aproximadamente, el ancho estandarizado del tanmono, el rollo tradicional de tejido utilizado para confeccionar kimonos en Japón. Lo que podría parecer una restricción para un diseñador occidental se convierte, en las manos de Teranishi, en el punto de partida de una nueva arquitectura del vestir.
La presentación, titulada “WHAT 38CM TELLS”, no fue planteada como un desfile convencional. MIZEN optó por un formato de presentación en el que el público podía observar de cerca las prendas, sus materiales y, sobre todo, comprender la lógica constructiva que existe detrás de ellas. Era una decisión coherente con una firma que insiste en que el lujo no siempre está en aquello que vemos inmediatamente, sino en todo aquello que necesitamos tiempo para comprender.
El diseñador que convirtió la arquitectura en una manera de vestir
Para comprender MIZEN hay que comprender primero a Shunsuke Teranishi. Su trayectoria explica buena parte de la precisión espacial que caracteriza sus prendas.
Formado en Arquitectura en la Universidad de Kioto, Teranishi pasó posteriormente por Yohji Yamamoto, antes de trasladarse a Milán, donde trabajó como chief pattern maker para Carol Christian Poell y como diseñador 3D para Agnona. Más tarde, en París, formó parte del equipo de prêt-à-porter femenino de Hermès como diseñador 3D. En 2018 regresó a Japón y fundó Studio Alata y la línea ARLNATA, centrada en la reinterpretación de textiles de kimono. En 2022 cofundó MIZEN.
Ese recorrido entre arquitectura, patronaje, tecnología tridimensional, alta artesanía y lujo europeo resulta particularmente visible en su manera de construir una prenda. Teranishi no parece interesado en utilizar el tejido tradicional japonés como una simple superficie decorativa sobre una silueta occidental. Su operación es mucho más radical: permite que las características del propio tejido determinen la arquitectura de la ropa.
Y ahí reside una de las claves de MIZEN.
La marca, fundada en 2022, se define alrededor de los conceptos “Slow Fashion, Slow Luxury”, colocando a los artesanos y sus técnicas en el centro del proceso. Su propuesta parte de una idea de lujo menos relacionada con la ostentación y más próxima al conocimiento: el tiempo, la mano, el origen, la materia y ese yohaku, el espacio vacío o margen no dicho que permite que una pieza revele su historia poco a poco.
38 centímetros: de limitación a lenguaje
En SS27, Teranishi hace algo especialmente inteligente: no intenta ocultar la restricción del tejido; la convierte en diseño.
Un rollo de tanmono mide aproximadamente 38 centímetros de ancho, cerca de una cuarta parte del ancho habitual de muchos tejidos destinados a la confección occidental. En lugar de cortar, fragmentar y adaptar ese material para que se comporte como una tela convencional, MIZEN parte precisamente de sus dimensiones originales.
El resultado se articula en tres construcciones fundamentales: Slash, Horizon y Sash.
Slash utiliza el tejido en diagonal, haciendo que la línea de construcción atraviese el cuerpo y genere una silueta asimétrica. No es una asimetría aplicada como gesto decorativo: nace directamente de la geometría del material.
Horizon trabaja con una línea horizontal que se extiende desde la espalda hacia los hombros y las mangas, acercándose a una construcción de capa. La prenda no parece diseñada para domesticar el cuerpo, sino para permitir que el cuerpo dialogue con el tejido.
Y después está Sash, quizá la construcción que más directamente conecta el lenguaje contemporáneo de MIZEN con el imaginario del kimono. La tela cruza el cuerpo como un tasuki, esa banda tradicional que se utiliza para recoger las mangas. En SS27, esa lógica se transforma en vestidos, tops y otras piezas contemporáneas.
Son tres soluciones diferentes para una misma pregunta: ¿qué puede llegar a ser una prenda si dejamos que el tejido dicte primero su forma?
El tejido como protagonista, no como accesorio
Esta es quizá la diferencia esencial entre MIZEN y buena parte de la moda que utiliza artesanía tradicional como recurso visual.
En MIZEN, el tejido no está ahí para embellecer una silueta previamente concebida. La silueta nace del tejido.
La propia firma ha desarrollado anteriormente construcciones que combinan textiles de kimono con punto mediante técnicas de linking, resolviendo la tensión entre una materia rígida y otra elástica sin sacrificar la integridad de ninguna de las dos. Su conocido KIMONO Knit Square Cape, por ejemplo, utiliza precisamente el ancho aproximado de 38 centímetros como principio estructural y fue reconocido con el Good Design Award 2024.
En SS27, esa investigación alcanza una nueva dimensión.
Entre los materiales presentes aparecen textiles tradicionales como Omi Chijimi, un lino de superficie característica asociado al vestuario de verano, además de tejidos como el Shimoitsumugi, el Arimatsu Shibori y el tejido de cintas de seda de Tango. La colección demuestra así que “artesanía japonesa” no significa un único aspecto visual: existe una enorme diversidad de tactos, densidades, temperaturas, brillos y comportamientos dentro de ese universo textil.
En el caso del Arimatsu Shibori, por ejemplo, la belleza no reside únicamente en el dibujo final. El proceso de reservar, atar y teñir el tejido genera una superficie cuya irregularidad conserva la huella física de la intervención artesanal. MIZEN documenta este tipo de procesos y trabaja con una red de productores especializados en técnicas textiles procedentes de diferentes regiones de Japón.
Una paleta que respira entre el agua, la seda y la sombra
Visualmente, la colección resulta especialmente interesante por la manera en que los colores parecen subordinados a la materia.
En las imágenes de SS27 encontramos una paleta dominada por azules profundos, azul petróleo, índigo, celestes acuosos, blancos rotos, gris piedra y negro, interrumpida por un amarillo pálido que introduce una nota solar y casi mineral.
El azul adquiere especial protagonismo. En las piezas de apariencia más tecnológica, el brillo eléctrico de los tejidos contrasta con superficies mate y oscuras, produciendo una sensación casi líquida. No es un azul ornamental: cambia con el movimiento, recoge la luz y modifica la percepción de la silueta.
En contraste, los blancos y celestes aportan una sensación de ligereza que resulta muy apropiada para una colección Primavera-Verano. Hay algo casi atmosférico en ellos: telas que parecen moverse entre el cuerpo y el espacio, como si la prenda no terminara exactamente en el borde de la silueta.
Y el amarillo aparece como una especie de destello. En la instalación, además, las grandes extensiones textiles suspendidas y curvadas convierten el tejido en arquitectura, estableciendo una conversación directa con la formación de Teranishi.
La espalda como territorio de descubrimiento
Hay otro aspecto que merece detenerse a mirar: la espalda.
En muchas de las prendas de la colección, la construcción realmente interesante no se revela de frente. El cuerpo se convierte en una superficie tridimensional alrededor de la cual el tejido encuentra su recorrido.
Esta decisión es particularmente coherente con la filosofía de MIZEN. La marca habla de aquello que existe en los márgenes, de lo que no exige nuestra atención inmediata. En SS27, la espalda funciona precisamente así: obliga al espectador a desplazarse, a cambiar el punto de vista, a mirar otra vez.
Es una estrategia casi arquitectónica.
Una prenda de MIZEN no se entiende necesariamente desde un único ángulo. Se recorre.
Una moda que devuelve protagonismo a la mano
Hay una frase que resume buena parte de la propuesta de Teranishi: “la técnica toma el protagonismo”.
En la moda contemporánea, el diseñador suele aparecer como autor absoluto. Su nombre encabeza la colección y las personas que han hecho posible cada tejido permanecen habitualmente en un segundo plano.
MIZEN propone invertir esa jerarquía.
La firma entiende que detrás de un textil japonés existen regiones, talleres, generaciones, herramientas, conocimientos y tiempos de producción que no pueden comprimirse en la velocidad habitual de la industria. El propio proyecto de MIZEN trabaja con textiles procedentes de distintas comunidades artesanales japonesas y busca hacer visible esa procedencia.
Esto convierte a cada prenda en algo más que un objeto de diseño.
Es también un registro de conocimiento.
Y esa idea resulta especialmente pertinente en un momento en el que la industria de la moda está obligada a preguntarse qué significa realmente hablar de sostenibilidad. Porque hay una diferencia importante entre fabricar menos y entender mejor lo que se fabrica.
El verdadero lujo es tener tiempo
MIZEN no intenta competir con la moda rápida en su propio terreno. No busca producir una respuesta inmediata ni fabricar un deseo instantáneo.
Hace algo más difícil: pide atención.
Su concepto de Slow Fashion, Slow Luxury no debe entenderse únicamente como una reivindicación de la lentitud productiva. Es, sobre todo, una reivindicación de la lentitud perceptiva: mirar una superficie, reconocer una técnica, comprender una construcción, conocer quién hizo el tejido y descubrir cómo una limitación aparentemente insignificante puede transformar toda una prenda.
En “WHAT 38CM TELLS”, esos 38 centímetros dejan de ser una medida.
Se convierten en una pregunta.
¿Qué ocurre cuando dejamos de exigirle al material que se adapte a nosotros y empezamos a diseñar escuchándolo?
La respuesta de Shunsuke Teranishi es una colección donde tradición y modernidad no aparecen enfrentadas, sino entrelazadas. Donde el kimono no se convierte en disfraz ni en referencia literal, sino en sistema de pensamiento.
Y donde el lujo, finalmente, no necesita levantar la voz.
Solo necesita que nos acerquemos lo suficiente para escuchar.
fotografía: RAKUTENFWT










































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