Delirium in Bloom: Collina Strada convierte el caos en una nueva forma de belleza
Su estética está llena de color, humor, brillo y referencias aparentemente contradictorias. Pero detrás de esa exuberancia existe una preocupación muy concreta por cómo producimos, qué materiales utilizamos y qué historias queremos contar con aquello que vestimos.
MODA


Collina Strada llegó a Copenhagen Fashion Week con una responsabilidad especial. La firma neoyorquina fundada por Hillary Taymour fue elegida como la primera invitada del nuevo International Guest Slot, una iniciativa creada por CPHFW y The Climate Pledge para incorporar una firma internacional a su calendario oficial. La elección coincidió, además, con el 20.º aniversario de la Semana de la Moda de Copenhague.
Para Taymour, que ha construido en Nueva York uno de los lenguajes más reconocibles de la moda contemporánea, una mezcla de fantasía, activismo, humor, sensualidad y experimentación, la invitación suponía mucho más que un nuevo escenario. Era una oportunidad para llevar el universo de Collina Strada a una ciudad cuya relación con la sostenibilidad es especialmente exigente.
La respuesta fue “Delirium in Bloom”, una colección concebida específicamente para esta presentación y realizada exclusivamente a partir de materiales deadstock que permanecían en el estudio de la firma. Lejos de esconder las limitaciones de trabajar con tejidos existentes, Taymour las convirtió en el principio creativo de la propuesta: plisados, capas, patchwork, superficies manipuladas, texturas deshilachadas y siluetas alteradas construyen una colección que parece encontrarse a medio camino entre el sueño y el accidente.
Y quizá ahí esté precisamente su encanto.
Una novia que se niega a ser convencional
Hay en la colección una cierta sensibilidad nupcial, aunque pasada por el filtro absolutamente personal de Collina Strada. No hablamos de la novia tradicional, sino de una figura romántica que parece haberse escapado de un cuento de hadas para encontrarse con el punk, el club kid y el downtown New York.
El blanco y los tonos crema aparecen junto a rosas empolvados, verdes suaves, superficies plateadas y colores más intensos. Los volantes, las transparencias, los tejidos fruncidos y los volúmenes vaporosos construyen una feminidad deliberadamente imperfecta. En lugar de buscar una silueta pulida, Taymour la retuerce, la desplaza y la deja respirar.
La colección comienza con una delicadeza casi etérea para avanzar progresivamente hacia una estética más exuberante: chiffon, lentejuelas, glitter, texturas brillantes, micro-minis, grandes pantalones cargo y tejidos intervenidos conviven sin necesidad de pertenecer a la misma familia estética.
Es precisamente esa capacidad de hacer convivir elementos aparentemente incompatibles la que define a Collina Strada.
Una pieza puede parecer romántica a primera vista y, unos segundos después, revelar algo mucho más irreverente. Un tejido delicado puede encontrarse con una construcción utilitaria. Una silueta femenina puede deformarse hasta convertirse en algo casi escultórico.
La belleza, en el universo de Taymour, no necesita ser perfecta para resultar deseable.
El deadstock como materia creativa
Si hay una idea que atraviesa toda la propuesta, es la de transformar lo que ya existe.
Collina Strada lleva años trabajando con materiales recuperados y deadstock, pero en Copenhague esta filosofía adquiere una relevancia especial. La colección fue creada utilizando exclusivamente los tejidos sobrantes disponibles en el propio estudio de la firma. La consecuencia no fue una estética austera, sino todo lo contrario: una explosión de creatividad construida a partir de recursos limitados.
Taymour trabaja así contra una de las reglas más arraigadas de la industria: la idea de que para crear algo nuevo necesitamos necesariamente materia nueva.
En sus manos, un retal puede convertirse en una superficie plisada; un tejido olvidado puede adquirir volumen; diferentes materiales pueden convivir en un mismo patchwork. La irregularidad deja de ser un defecto y se convierte en parte de la identidad de la prenda.
Es una aproximación muy coherente con la filosofía de Collina Strada, una marca que entiende la moda como una plataforma de expresión personal y conciencia social, y que desde Nueva York ha hecho de la experimentación material una parte esencial de su lenguaje. La propia firma habla de su objetivo de avanzar hacia una moda cada vez más sostenible y radicalmente transparente.
El regreso del capri
Entre las tendencias que dominaron esta edición de Copenhagen Fashion Week, el pantalón capri tuvo un protagonismo evidente. La silueta apareció reinterpretada de numerosas maneras, recuperando esa longitud entre la rodilla y el tobillo que inevitablemente nos devuelve a los primeros años de los 2000.
Pero lo interesante no está únicamente en recuperar el capri, sino en cómo se utiliza.
La tendencia vuelve a plantear la idea de la superposición: prendas ajustadas que aparecen bajo vestidos, faldas, shorts o siluetas más voluminosas. En el lenguaje de Collina Strada, esta fórmula resulta especialmente natural porque Taymour lleva años utilizando las capas y los contrastes de proporción como parte de su vocabulario.
El resultado tiene algo deliberadamente nostálgico, pero nunca parece una reconstrucción literal de los años 2000. Es más bien una reinterpretación desde el presente: más libre, más experimental y mucho menos preocupada por las reglas de aquello que “combina”.
Transparencias: mostrar sin revelar del todo
Si hay una tendencia que atraviesa buena parte de la conversación de CPHFW SS27, esa es la transparencia.
Collina Strada la aborda desde diferentes ángulos: vestidos vaporosos, capas translúcidas, tejidos ligeros y prendas que dejan entrever el cuerpo sin convertir necesariamente la exposición en el centro del discurso.
La transparencia aparece como una herramienta de estilismo y de construcción. Se coloca encima, debajo o entre otras prendas, generando profundidad y movimiento.
Y es aquí donde la colección conecta de manera particularmente interesante con la moda de baño.
El bikini deja de ser una pieza destinada exclusivamente a la playa y comienza a comportarse como una capa más del vestuario. Un top de baño puede aparecer bajo una prenda transparente; una silueta de inspiración lencera puede combinarse con pantalones amplios; un cuerpo puede convertirse en punto de partida para construir un look completo.
La tendencia no consiste tanto en “enseñar más” como en aprender a vestir las capas que antes permanecían ocultas.
Precisamente la experimentación con prendas de inspiración swimwear y el layering hacen de esto como una de las corrientes relevantes de esta temporada en Copenhague.
Del bikini a la calle
En este punto, Collina Strada resulta especialmente estimulante para el universo del baño.
La imagen de la colección muestra un bikini metalizado combinado con una minifalda brillante y una prenda de estética utilitaria atada a la cintura. El resultado no transmite la sensación de un estilismo playero convencional. Hay algo más urbano, más nocturno y, sobre todo, más versátil.
El traje de baño deja de ser el destino y se convierte en el comienzo.
Es una evolución importante. Durante años, el bañador ha estado asociado a un momento concreto del día y del año: vacaciones, piscina, playa, verano. La nueva generación de diseño lo entiende como una pieza capaz de participar en todo el armario.
Collina Strada lleva esta idea hasta sus últimas consecuencias: el cuerpo se convierte en parte de la composición, las transparencias crean nuevas capas y los materiales brillantes aportan una dimensión casi festiva.
La sensualidad está presente, pero no se construye desde la perfección corporal. Y eso también es muy Collina Strada.
Una belleza imperfecta y profundamente personal
Quizá la mayor aportación de Hillary Taymour a la moda no sea una silueta concreta ni una paleta determinada. Es haber demostrado que la ropa puede ser extravagante y consciente al mismo tiempo.
Su estética está llena de color, humor, brillo y referencias aparentemente contradictorias. Pero detrás de esa exuberancia existe una preocupación muy concreta por cómo producimos, qué materiales utilizamos y qué historias queremos contar con aquello que vestimos.
CPHFW, además, parecía el escenario natural para esa conversación. La semana de la moda danesa ha convertido sus criterios de sostenibilidad en una parte estructural de su identidad y, para su 20.º aniversario, decidió abrir ese diálogo a una voz internacional como Collina Strada.
El desfile de “Delirium in Bloom” consigue, así, algo que no siempre resulta sencillo: hablar de sostenibilidad sin renunciar al deseo.
Hay lentejuelas. Hay brillo. Hay piel. Hay transparencias. Hay flores, volantes, pantalones enormes, tejidos deformados y una buena dosis de fantasía.
Pero también hay una pregunta detrás de todo ello: ¿qué podemos hacer con aquello que ya tenemos?
La respuesta de Hillary Taymour es tan sencilla como radical: podemos convertirlo en algo nuevo sin borrar su historia.
Y quizá por eso esta colección resulte tan atractiva cuando la miramos desde el prisma de la moda de baño. Porque nos propone dejar atrás la idea de que vestir el cuerpo consiste en ocultarlo o exhibirlo según unas reglas determinadas.
En Collina Strada, el cuerpo simplemente participa en el juego.
Y ese juego,imperfecto, colorista, sostenible, sensual y deliciosamente imprevisible es, probablemente, una de las formas más interesantes de imaginar el verano que viene.
fotografía: CPHFW










































































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