Alectra Rothschild / Masculina: el cuerpo como territorio de libertad
Su propuesta se aleja conscientemente del ideal de feminidad pulido, homogéneo y fácilmente consumible. Frente a esa idea, Masculina propone multiplicidad. Una feminidad que puede ser exagerada, sexual, incómoda, divertida, poderosa, vulnerable o todas esas cosas al mismo tiempo.
MODA


Hay diseñadores que utilizan la moda para vestir el cuerpo y otros que la convierten en una herramienta para hablar de él. Alectra Rothschild pertenece claramente a la segunda categoría. Su firma, Masculina, no entiende la feminidad como una fórmula cerrada, sino como un territorio abierto, contradictorio y profundamente personal. En su universo caben el glamour, la sensualidad, la provocación, el fetichismo, la vulnerabilidad y también una cierta dosis de irreverencia. Todo puede coexistir. Y precisamente ahí reside su fuerza.
Para la temporada Spring/Summer 2027, Rothschild regresó a Copenhagen Fashion Week con Doll Parts (a transsexual choreography), una colección que confirma por qué Masculina se ha convertido en una de las voces más singulares de la nueva moda danesa. La firma formó parte del programa oficial de CPHFW SS27 como NewTalent Alumni, después de haber desarrollado su identidad dentro del programa NEWTALENT durante varias temporadas.
El título de la colección ya contiene buena parte de la declaración de intenciones: muñeca, cuerpo, construcción, transformación y coreografía. En Rothschild, vestirse nunca es un gesto inocente. El cuerpo se transforma mediante la ropa, pero también se apropia de ella. Se exagera, se revela, se oculta y vuelve a aparecer.
Y ahí es donde su propuesta resulta especialmente interesante cuando la observamos desde el lenguaje de la moda de baño.
Cuando el swimwear deja de ser una prenda para convertirse en una actitud
En la imagen de SS27, la frontera entre bañador, lencería y prenda de noche prácticamente desaparece. La piel adquiere protagonismo y las prendas parecen construirse alrededor del cuerpo en lugar de simplemente cubrirlo.
Los tonos rosa empolvado, rosa chicle y verde menta dialogan con una sensualidad deliberadamente artificial. No estamos ante una paleta tropical convencional ni ante el minimalismo cromático que tantas veces asociamos a la moda escandinava. Es un colorismo más teatral, casi cosmético, que convierte el cuerpo en una superficie de experimentación.
La elección cromática resulta especialmente poderosa porque Rothschild no utiliza el rosa para hablar de una feminidad dócil. Lo utiliza para reivindicar una feminidad exuberante, consciente y performativa. El rosa se vuelve aquí una herramienta de poder.
La construcción de los looks insiste en esa idea. Drapear, anudar, descubrir y envolver son operaciones constantes. Un cuerpo puede aparecer parcialmente cubierto por una superficie satinada mientras deja al descubierto el abdomen, la cadera o la pierna. La silueta se acerca por momentos a la de un one-piece transformado en vestido, a un bikini reinterpretado como corsetería o a una pieza de lencería convertida en objeto de pasarela.
Es precisamente esta ambigüedad la que hace que el lenguaje de Rothschild resulte tan contemporáneo: no necesitamos saber si estamos mirando un bañador, un corsé, una prenda interior o un vestido. La categoría deja de importar cuando la actitud está perfectamente definida.
Glamour como acto de resistencia
Masculina nació de una mezcla deliberada entre feminina y masculino, incorporando esa “A” final como referencia a la anarquía y a la voluntad de escapar de las definiciones convencionales de género. La propia firma explica su trabajo como una búsqueda de alternativas al status quo, poniendo en el centro las experiencias trans y femme y utilizando el high glamour como una forma de desafío.
Es una filosofía que atraviesa toda su trayectoria.
Rothschild ha hablado de su deseo de crear un espacio en el que las personas trans no estén simplemente representadas, sino que sean el centro de la narrativa. Su ropa nace desde esa experiencia y, al mismo tiempo, busca trascenderla: hablar de identidad, pero también de deseo, libertad, belleza, comunidad y pertenencia.
Por eso su sensualidad nunca parece gratuita.
Cuando aparece un cut-out, una silueta de cintura marcada, una cadera expuesta o una superficie brillante, la intención no parece ser simplemente “mostrar piel”. Se trata de decidir quién controla esa mirada.
Esa diferencia es fundamental.
De la corsetería al cuerpo líquido
Hay además una continuidad evidente entre SS27 y el vocabulario que Rothschild ha ido construyendo desde su debut. En su primera colección para CPHFW, The Rebirth Carry, exploró precisamente la relación entre transformación, agua y renacimiento mediante prendas de baño, impermeables, látex brillante, PVC, flecos inspirados en la lluvia y superficies de efecto joya.
El agua, en aquella colección, era una metáfora de transformación. En SS27, esa relación con el cuerpo parece haberse vuelto más sofisticada: ya no se trata solamente de representar una metamorfosis, sino de convertir la propia ropa en una coreografía sobre la piel.
La técnica es esencial. Rothschild procede del patronaje y la sastrería, y esa formación se percibe en una ropa que puede parecer espontánea o incluso improvisada a primera vista, pero que está profundamente construida. El contraste entre superficies suaves y estructuras más rígidas, entre drapeados y elementos de corsetería, genera una tensión visual que define buena parte de su lenguaje.
En SS27, esa tensión adquiere una dimensión particularmente atractiva: lo delicado convive con lo provocador; lo romántico con lo agresivo; la fantasía de una muñeca con la realidad de un cuerpo que reclama su propia identidad.
Una estética que nunca pide permiso
Quizá uno de los mayores logros de Alectra Rothschild sea haber entendido que la extravagancia también puede ser política.
Su propuesta se aleja conscientemente del ideal de feminidad pulido, homogéneo y fácilmente consumible. Frente a esa idea, Masculina propone multiplicidad. Una feminidad que puede ser exagerada, sexual, incómoda, divertida, poderosa, vulnerable o todas esas cosas al mismo tiempo.
No sorprende, por ello, que antes incluso de consolidar su presencia en el calendario de Copenhagen Fashion Week, sus diseños ya hubieran llegado a artistas como FKA twigs, Arca, Eartheater, Michèle Lamy y Zara Larsson, entre otros.
La ropa de Masculina parece hecha para personas que no quieren desaparecer dentro de ella.
Y esa es quizá la mejor manera de entender su relación con la moda de baño. Un bañador convencional suele plantearse desde la idea de qué partes del cuerpo deben cubrirse y cuáles pueden mostrarse. Rothschild plantea una pregunta mucho más interesante: ¿qué ocurre cuando el cuerpo deja de necesitar permiso para ocupar espacio?
El lujo de ser una misma
Hay algo profundamente emocional en la estética de Masculina. Bajo el exceso, el brillo y la provocación existe una preocupación muy humana: la necesidad de reconocerse en el espejo y sentirse legítimamente representada.
Por eso Doll Parts (a transsexual choreography) no debe interpretarse únicamente como una colección de prendas llamativas. Es también una celebración de la transformación y de la posibilidad de construir una imagen propia.
En el universo de Alectra Rothschild, el glamour no es una decoración añadida a la ropa. Es una armadura.
El rosa no es inocente.
La piel no es vulnerable.
El corsé no es una jaula.
El bañador no es simplemente un bañador.
Todo puede convertirse en una declaración.
Y quizás ahí esté la verdadera singularidad de Masculina: en una industria que durante décadas ha intentado definir cómo debe verse una mujer, cómo debe mostrarse un cuerpo y qué significa ser femenino, Alectra Rothschild responde con una propuesta mucho más libre.
No existe una única manera de ser mujer. No existe una única manera de habitar un cuerpo. Y, desde luego, tampoco existe una única manera de vestirlo.
SS27 lo deja claro: en Masculina, el cuerpo no es el límite de la moda.
Es su punto de partida.






































































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